LOS AFROPERUANOS

HISTORIA Y SITUACION ACTUAL


Introducción


Un hombre se encontró un huevo de águila y lo puso en el nido de una gallina de corral. El aguilucho fue incubado y creció junto con los pollos.
Durante toda su vida, el águila hizo lo mismo que hacían los pollos , pensando que era un pollo. Escarbaba la tierra en busca de gusanos e insectos, piando y cacareando. Incluso a veces sacudía las alas y volaba unos pocos metros por el aire como los pollos.
Pasaron los años, y el águila envejeció. Un día vio muy por encima de ella, en el cielo azul, una magnífica ave que flotaba elegantemente, deslizándose majestuosamente por entre las fuertes corrientes de aire, moviendo apenas sus poderosas alas.
La vieja águila miraba hacia arriba con admiración.
-¿Quién es ése?-preguntó a una gallina.
-Es el águila, rey de las aves -le respondió-, pero no pienses en ello, él pertenece al cielo, nosotros pertenecemos a la tierra; somos diferentes.
Así, el águila vivió y murió como pollo, por que creía que era un pollo.

Para muchos afroperuanos es difícil encontrar y aceptar su Identidad por que el racismo en nuestro país y en el mundo ha levantado falsas imágenes del negro y de la negra; nos señalan como carentes de capacidades intelectuales e iniciativas propias y el negro a pasado a ser sinónimo de cosas, situaciones y actividades negativas (día negro, negra suerte, negro destino, mano negra etc). Otra expresión del racismo es el desconocimiento o negación de nuestros aportes y esfuerzos a la formación de lo que hoy es el Perú, fenómeno que llamamos invisibilidad. Por ejemplo una inscripción que encontramos en una universidad estatal y en varias líneas de transporte público decía:

"Nunca nos van a imponer la estúpida idea de que los negros son peruanos. Perú nunca fue ni será un país de negros, ya es tiempo de vivir entre nosotros"

Frente a esta realidad muchos de nuestros hermanos y hermanas prefieren ser llamados zambos, mulatos, morenos, morochos, mestizos, es decir de acuerdo a la tonalidad de su piel. Esta variedad de nombres nos debilita por que no nos permite identificarnos como parte de un pueblo o grupo étnico.

El reconocerse como Negros, Negras y Afroperuanos forman parte de un proceso reciente y no exento de problemas. En primer lugar la denominación negro y todas sus variaciones cromáticas corresponde a los nombres impuestos por los esclavistas y el poder colonial a fin de fragmentar y dividir a una población que desde siempre significo un problema y un temor ante la posibilidad de una rebelión masiva. Reivindicar de manera positiva esta nomenclatura dentro de una sociedad que constantemente esta reproduciendo los estereotipos heredados de la colonia es una tarea ardua pero necesaria, sin embargo no solo se reivindica esta denominación sino también la ancestría por ello ahora también somos afroperuanos.

Tener identidad es saber quienes somos y aunque se crea que hay cosas más importantes en las cuales pensar, la Identidad es fundamental para vivir con dignidad. Es una riqueza espiritual que se cultiva y crece con el tiempo y nos permite valorarnos como personas pertenecientes y herederos de una tradición cultural, sin ella somos como el águila que tiene para comer, pero vive engañada sobre su vida por que no sabe de lo que es capaz de hacer. En este punto la participación del Estado y de las diferentes organizaciones afro es fundamental para difundir y encontrar soluciones conjuntas a nuestra problemática y el presente documento referido a la historia esta dirigido indicar las estructuras que han condicionado la realidad afrodescendiente en nuestro país.

Construcción de una imagen


Los estudios contemporáneos sobre la población afrodescendiente en el Perú son básicamente de carácter histórico y en este campo los temas recurrentes son los relacionados al papel de los esclavizados dentro de la economía colonial. Es en las últimas décadas, debido a corrientes historiográficas que privilegian el protagonismo de los actores en su dimensión social, que los temas se han ampliado a sublevaciones, roles de género, espacios sociales y participación activa en la construcción de sus posibilidades de vida1.

Desde el clásico estudio de Frederick Bowser2 sobre los esclavizados en nuestro país, no se ha emprendido ningún otro trabajo que nos presente un panorama general sobre los afrodescendientes en un periodo determinado. A excepción de Fernando Romero, que durante décadas dedicó sus estudios a identificar los aportes y características de los afrodescendientes, los análisis posteriores se han centrado en escudriñar aspectos específicos y en algunos casos cruciales. En este punto el estudio de Carlos Aguirre3 sobre la abolición de la esclavitud no solo a implicado un cambio sustancial en el enfoque de la participación de los esclavizados en el proceso abolicionista, sino que ha servido de sustento a las organizaciones afrodescendientes en sus críticas a los paradigmas educativos, e incluso en los cuestionamientos a determinados íconos históricos.

Es en las últimas décadas que el interés por los estudios históricos afros se ha incrementado sustancialmente. Ahora, a diferencia de décadas pasadas, son más los investigadores jóvenes que dedican sus carreras a este campo. A manera tentativa podemos atribuir este interés a tres factores:

1.- Los “nuevos” enfoques metodológicos que buscan identificar a los actores sociales como agentes dinámicos en las estructuras socioeconómicas.
2.- La ampliación en la visión de los componentes sociales de la colectividad peruana.
3.- La incidencia de las organizaciones afroperuanas en los espacios públicos con reivindicaciones y una problemática específica.

Sin embargo si hacemos un balance general de la producción bibliográfica, encontramos que estos estudios generan una serie de inconvenientes en la construcción de la imagen del sujeto histórico afroperuano debido a:

1.- Son estudios centrados mayoritariamente a la ciudad de Lima.
2.- El espacio temporal se ubica básicamente en la colonia y en el mejor de los casos llega hasta las primeras décadas de la república.
3.- Se amplían los tópicos ya trabajados a otros espacios y áreas temporales, es decir no hay discusión teórico-conceptual.
4.- No hay una exploración sistemática en las múltiples formas en que se manifestó el fenómeno de la esclavización en nuestro país, tanto a nivel del modelo económico como en la dimensión social y cotidiana, ya sea en Lima como en otras partes de la costa, sierra y selva.
5.- Son estudios relativamente “recientes”4, casi a partir de la década del 40 del siglo XX.
6.- La escasa difusión que tienen los resultados de estas investigaciones, incluso en los círculos académicos y menos aún su concreción en un corpus discursivo sobre la historia afroperuana, por lo cual prevalecen estereotipos coloniales y racistas.
7.- Son muy pocos los afrodescendientes dedicados al campo de la investigación en ciencias sociales.

Si hemos comenzado por los estudios históricos, es por que dentro del conjunto de las investigaciones son los que más abundan y destacan por sus aportes, como el ya señalado de Carlos Aguirre y otros anteriores como el estudio de Alberto Flores Galindo5 referido a la plebe en Lima o los de Macera dedicados a las haciendas y los esclavos6, igualmente el trabajo de Kapsoli sobre sublevaciones7 o los de Tord y Lazo centrados en las coyunturas económicas y las rebeliones8. Otros trabajos como los de Cosamalón, referidos a matrimonios interétnicos9, amplían la visión de convivencia social planteada por Huertas en sus estudios de las composiciones poblacionales en el sur y norte de nuestro país10, así como los de Arrelucea sobre cimarronas11 o los de Rodríguez Pastor12 sobre el clima social y político posterior a la abolición, enriquecen nuestra visión sobre la población afrodescendiente.

Los estudios sobre la literatura negra son escasos en comparación con los anteriores y son menos aún los que tratan sobre la oralidad o la lingüística. Y en cuanto a los afroperuanos, salvo el trabajo que tiene por personaje a Erasmo Muñoz13, no hay ningún estudio antropológico de la población y las comunidades afrodescendientes14. Todo esto redunda en la construcción social estereotipada del negro y de la negra en nuestro país.

Por otra parte, si revisamos la documentación sobre el “problema del negro”, encontramos que esta problemática para el Estado y la sociedad estuvo centrada a su fuerza laboral como esclavizado y los mecanismos para controlarlos socialmente, de tal forma que a partir de la abolición de la esclavitud en 1854 el afroperuano “desaparece” de las preocupaciones del Estado. Ya no es el elemento disociador, sino que se consideró que con la “libertad” y su integración como asalariado, tenía más que suficiente.

De esta forma, el imaginario social sobre los afrodescendientes se ha construido a partir de estereotipos que se generaron durante la colonia, estudios históricos que llegan hasta la manumisión, supuestas “verdades”15 y un desconocimiento de las actuales poblaciones negras; es de esta manera, un conocimiento fragmentado, excluyente y que no ayuda a comprender la problemática, el rol y las propuestas de los afroperuanos. Como ejemplo podemos ver los espacios dedicados a los afrodescendientes en los textos escolares: uno y en el mejor de los casos dos páginas y ni que decir sobre el continente africano16.

Sobre este punto es preciso señalar la labor de algunos afrodescendientes como José Carlos Luciano, que desde el campo de la sociología emprendió la tarea de vincular el pasado y la situación actual de las comunidades, centrando sus esfuerzos en el activismo político, mediante la capacitación a las organizaciones de base e instituciones, labor que no le permitió estructurar una obra orgánica, quedando disperso sus aportes y pensamiento en una serie de documentos y trabajos que están siendo publicados17.

La diáspora africana


La diáspora africana es la denominación que se da a la “trata negrera” o comercio de esclavos y hace referencia al proceso por el cual los africanos fueron arrancados de sus pueblos y culturas para ser sometidos a la esclavización en diferentes partes del continente americano. La diáspora africana es pues la dispersión de los hombres y mujeres africanos por el mundo a causa de la esclavitud.

Pero es preciso recalcar que la esclavitud era practicada en el África con anterioridad a la “trata negrera” del siglo XVI; la gran diferencia era que este comercio era marginal o complementario a las diferentes actividades económicas practicadas por los diferentes reinos y estados africanos con el fin de proveerse de servicio doméstico o mano de obra para labores de riesgo. Con la enorme demanda europea de esclavos para introducirlos en América, el panorama cambia en el África, ya que se privilegia esta actividad por sobre la agricultura, la minería y el comercio; las actividades productivas son dejadas de lado para abrir nuevas rutas de comercio al interior del continente y de esta forma proveerse de esclavos recurriendo a la guerra y el ataque a numerosos poblados. Esto se facilitó aun mas con las armas de fuego que se obtenía a cambio de esclavos.

Con el paso de los siglos el comercio esclavista benefició a Europa, facilitando la acumulación de capital, que junto al oro y plata proveniente de América, daría nacimiento a la revolución industrial y el capitalismo; en cambio para el África significó la agudización de los conflictos entre reinos, estados y grupos étnicos; el abandono de actividades productivas; y el reparto colonial del continente a mediados del siglo XVIII entre alemanes, belgas, franceses e ingleses, entre otros que alteraron los diferentes ecosistemas al explotar despiadadamente sus recursos naturales y a sus pueblos.

El primer barco negrero arribó a América (conocida también como las Indias Occidentales) en 1518 y los últimos hacia 1880, calculándose que durante todo este periodo costó la vida de 40 millones de africanos. Los barcos negreros tenían una capacidad media de 200 toneladas, lo cual los hacían bastante menores en tamaño que las naves destinadas al transporte de mercaderías. El traslado de los esclavos se realizaba a pie desde el interior del continente, hasta los puertos de embarque ubicados en la zona de Senegambia en el siglo XV y XVI; luego Costa de Oro y Sierra Leona a mediados del siglo XVI y en el siglo XVII se expandió hasta la ensenada de Benin y Biafra. El precio de los esclavos era pagado en el África principalmente en tejidos y en los mercados americanos su valor fluctuaba de acuerdo a las pérdidas sufridas durante la travesía, su estado de salud, condición física, edad, género y la oferta y demanda.

Se calcula que aproximadamente dos millones de esclavos murieron en el trayecto por el Atlántico. La muerte a bordo de los barcos negreros se debía principalmente a la disentería, conocido como “flujo de sangre”, causada por la mala calidad de los alimentos elaborados en base a ñame, arroz y aceite de palma y a la pésima calidad del agua. Las epidemias de viruela y sarampión eran igual causa de mortandad así como castigos a motines a bordo. Los que sobrevivían a la travesía eran desembarcados en el Puerto de Cartagena (hoy Colombia); de ahí eran reembarcados para Portobelo, cerca del Istmo de Panamá, cruzaban al Océano Pacífico por tierra y nuevamente eran embarcados para ser trasladados hasta el Callao y una vez en Lima eran vendidos para los diferentes lugares del virreinato.

Los esclavos y su procedencia


Los primeros negros en nuestro territorio llegaron al Tahuantinsuyo y fueron traídos por el príncipe inca Túpac Yupanqui de su expedición a Oceanía, hacía 1460 aproximadamente.

No existen mayores referencias sobre este primer grupo que llegó a lo que sería luego el Perú, por lo cual será con la invasión española que se inicia de manera constante el arribo de negros a estos territorios. El primer esclavo que llegó a nuestro país, desembarcó entre fines de noviembre e inicios de diciembre de 1527 en las costas del hoy departamento norteño de Tumbes, al lado del español Alonso de Molina, uno de los Trece del Gallo.

Para los cronistas de la época, los esclavos carecen de nombre y son todos iguales: africanos de Guinea, sus hazañas y glorias no les correspondían sino a sus amos y las recompensas también. En el episodio decisivo para la invasión del Tahuantinsuyo ocurrido en la Isla del Gallo (hoy territorio de Colombia), entre quienes cruzaron por voluntad propia la línea trazada por Pizarro en la arena para saber quienes continuaban en la campaña estuvo un negro, sin embargo la historia oficial solo reconoce a los trece españoles, Trece del Gallo o “Trece de la fama”. Igualmente no es mencionado el esclavo negro que salvó a Diego de Almagro, ni tampoco el que murió en la captura de Atahualpa en Cajamarca, ni el negro que se encargó de trasladar todo el Oro del rescate del Inca.

El primer documento oficial de la Corona española que otorga la potestad de importar esclavos, es la Capitulación de Toledo del 26 de junio de 1529, otorgado a Francisco Pizarro para traer 50 negros de Guinea, la mitad de ellos mujeres. Este primer embarque no llegó a concretarse, pero posteriormente la introducción de esclavos sería constante. Por la documentación de los conquistadores ahora sabemos que los esclavos que los acompañaban eran mandingas y biafranos vendidos en San Jorge de la Mina e Isla de Cabo Verde, las dos grandes factorías portuguesas.

A mediados de 1550 los negros traídos al Perú bordeaban los 3000, eran empleados en la manufactura y reparación de armas, auxiliares de batalla y como parte de la soldadesca. El primer caudillo negro que es mencionado por los cronistas fue de nombre Guadalupe, quien comandó el primer cuerpo de soldados negros en 1554, durante la rebelión de Francisco Hernández Girón.

Entre la llegada de los españoles y el término de las Guerras Civiles entre los conquistadores, la curva demográfica de la población aborigen sufrió un considerable descenso. Cieza de León el principal cronista para esta época, describe el panorama de pueblos devastados por las enfermedades y la guerra. Existía abundancia de tierras pero escasez de hombres, se dio inicio a la trata negrera a gran escala para suplir la fuerza laboral faltante.

Los esclavos procedentes de las diferentes factorías lusitanas, eran bautizados en Panamá e introducidos al Perú vía el puerto del Callao, marchaban a pie hasta Lima atados y uncidos por la "collera", atravesaban el río Rimac por el Puente de Palo y eran alojados en los corralones del barrio de Malambo, cuya denominación existe hasta hoy junto a otras como calle terranovos entre otros.

En líneas generales la Trata negrera en el Perú tuvo tres períodos:

1.- A inicios del siglo XVI, cuando el manejo de las licencias para el tráfico negrero eran privilegio de la Corona española.
2.- La trata a largo plazo, mediante un contrato entre la Corona y una compañía particular.
3.- Al último tercio del siglo XVIII, cuando se da el libre comercio bajo el contexto de las reformas borbónicas, que permitió a partir de 1778 el ingreso de esclavos vía Nueva Granada, Venezuela, Cuba y Puerto Rico, aparte de los puertos tradicionales de trata como Porto Bello, Cartagena y Buenos Aires.

Según Frederick Bowser entre 1560 y 1650 el origen étnico de los afroperuanos era:

- Área de Senegambia y Guinea-Bissau:
Bran, Biafra, Berbesi, Jolofo, Mandinga, Nalu, Bañol, Casanga, Fula, Bioho, Guinea, Folupo, Soso, Balanta.
- Otras zonas de África occidental:
Terranova, Zape, Cocoli, Blebo, Arara/Arda, Caravali, Mina, Lucumi.
- África central y meridional:
Congo, Mozambique, Anchico, Benguela, Angola, Alonga, Malamba / Malemba, Mosanga.

Durante este período de tiempo la procedencia de los esclavos era predominantemente de Guinea entre el 55% a 56%, a excepción de los años 1595, 1600, 1635 y 1640 en que es superado por los importados de Angola.

La procedencia geográfica de algunos de estos grupos étnicos era:

Mandingas o Malinkés: del Volta
Terranovos: Dahomey
Chalas: Togo
Lucumés, Lucumís, Lucumíes o Lucumises, también llamados Nagos o Yorubas: Orilla derecha del Níger
Carabelíes: Ribera izquierda del Níger
Cabindas: Río Ogooué en Gabón
Congos: Ubangui
Angolas: Entre los ríos Matadi y Cuneen

Las denominaciones de Terranovos, Minas y Véngueles procedían de los puertos de embarque o llegada; muchos Ashantis, Ewes o Yorubas eran denominados Minas por el fuerte El Mina en Ghana. En 1791 el Mercurio Peruano señalaba que " las castas principales de los negros que nos sirven son diez: la de los Terranovos, Lucumés, Mandingas, Cambundas, Carabalíes, Cangaes, Chalas, Huarochiríes, Congos y Mucangas". A fines del virreinato arribaron a Lima mozambiques y tanganicas por el puerto de Buenos Aires.

Una vez vendidos, los esclavos eran marcados con las iniciales del amo, sean estos particulares o instituciones como la iglesia, mediante una varilla de hierro denominado “carimba”, de aproximadamente 60 cm. de largo en cuyo extremo se encontraba las siglas o símbolos característicos del propietario la cual era calentada hasta el rojo vivo, para marcar luego a los hombres en la frente, barbilla o debajo de la mejilla y a las mujeres en el hombro o espalda. Esta practica fue suprimida en 1784 durante el gobierno del Virrey Teodoro de Croix.


Organización y espacios sociales


Hasta fines del siglo XVIII el precio promedio de un esclavo entre 16 y 30 años que estuviera en buenas condiciones fluctuaba entre 400 y 650 pesos a diferencia de Río de la Plata en donde estaba a 200 pesos, era un precio muy alto si tomamos en consideración que para esa época una calesa sin caballos costaba 300 pesos. Una de las razones para esta diferencia es la situación de Lima como sede del poder colonial con todo lo que ello implicaba: mayor capacidad económica y el acceso al oro y plata de buena ley.

Hacia 1800 un cerdo costaba 12 pesos, un esclavo 500, una esclava 350 y una niña 80 pesos. Después de las guerras de independencia el precio mas alto era de 400 pesos y aún 200 o 300 pesos era considerado excesivo, al momento de la abolición el precio promedio en Lima para un esclavo era 333.5 pesos y para una mujer 303.7 pesos. El rango de edad que se consideraba optimo para adquirir un esclavo era entre los 20 y 25 años.

Para mediados del siglo XVIII en la zona de Lima la proporción español-esclavo es de 1-34 en las haciendas mas grandes y hay más cercanía en las relaciones amo-esclavos; en cambio en la zona norte de Lima por ejemplo en la Hacienda Huaito la proporción era de 1 a 600 y las relaciones entre amo y esclavo era mediante el mayordomo, el cual por lo general era un mulato. Para este período el promedio de esclavos en las chacras oscilaban entre 6 y 7 hasta 120; en las haciendas como Villa, San Pedro y Surco en algunos casos llegaban hasta 400 esclavos. Al momento de la expulsión de los Jesuitas en 1767, el monto global de los esclavos empleados en sus haciendas sobrepasaba los 5,000.

Desde el punto de vista de rentabilidad el esclavo estuvo dividido en dos grupos:

- Los lucrativos o útiles: en el área urbana se dedicaban al servicio doméstico, artesanal, eran jornaleros y vendedores callejeros, hay también muchos casos de esclavas obligadas a prostituirse ocasionalmente por sus amos; y en el ámbito rural eran agricultores, pastores, botijeros, leñadores; y existían los viajantes dedicados al arrieraje o empleados en embarcaciones.
- Los no lucrativos o inútiles: Eran los cedidos, prestados, depositados o dados en prenda; enfermos, ya curables o incurables; presos de manera temporal en panaderías y cárceles o perpetuos en galeras o presidio; prófugos como los cimarrones y desaparecidos, y viejos (recogidos o abandonados).

El régimen colonial buscó disociar a los diferentes grupos étnicos mediante la clasificación biológica del fruto de los diferentes entrecruzamientos entre negros, occidentales e indígenas, esta mentalidad tributaria del racismo, calificaba a lo blanco occidental como el modelo “racial” al cual aspirar, de esta forma se dieron y elaboraron hasta inicios de la república una serie de denominaciones como: mestizo prieto, negro chino, mulato, mulato claro, mulato oscuro, mulato morisco, mulato pardo, mulato lobo, tercerón, cuarterón, zambaigo, chino, rechino, chino prieto, chino claro, zambo, zambo claro, zambo prieto, "ahí te estas", "tente en el aire", "salto atrás", "no te entiendo", sacalagua etc.

La clasificación oficial se plasmó en unos cuadros que el Virrey Amat mando pintar en Lima en 1770, con el fin de representar el mestizaje, según estos se tenía:

De negro y negra: negro
De negra y español: mulato
De mulata y mulato: mulato
De mulata y español: cuarterón de mulato
De cuarterona de mulato y español: quinterón de mulato
De quinterona de mulato y español: requinterón de mulato
De requinterona de mulato y español: blanco

Otros:
De negro con mulata: zambo
De negro con india: zambo de indio
De mulato e india: chino
De español y china: cuarterón de español

El negro según su procedencia era: Bozal (africano) o Ladino (aculturado) y a partir de 1663 se les comenzó a denominar genéricamente como “morenos” y a los mulatos como “pardos” y en cuanto a los títulos que se daban entre sí, entre el siglo XVI y XVII predominó el de “reyes” para los nacidos en África, los criollos prefirieron otorgarse títulos militares en el siglo XVII como Capitanes y Coroneles.

Esta clasificación biológica le era fundamental al poder colonial para jerarquizar la sociedad y distribuir algunas actividades, por ejemplo ya en 1683 existían compañías de milicias de negros y mulatos, mas no de zambos, por ser estos parientes de los indios. Es preciso recordar también que el ejercito que derrotó la rebelión indígena encabezada por Túpac Amaru estaba conformada por mulatos. De entre los jefes mas destacados de estas milicias tenemos al Coronel Atanasio Contreras del Cid, que fue condecorado con la Medalla de Diamantes concedida por el Rey Carlos III, murió en 1780.

Estas clasificaciones dificultan el estudio demográfico de la población afroperuana y es una tara que hasta la actualidad impiden contar con estadísticas fiables, pues en los censos coloniales, negro, zambo o lo genéricamente denominado como “castas” aparecen en categorías diferentes, y en la actualidad una persona con pigmentación oscura no se reconoce como negra y sí puede hacerlo como zamba o mulata, morena, sacalagua, trigueña, canela o “mestiza” que es la respuesta mas común.

Para el siglo XVIII los esclavos han establecido espacios de movilidad social que les permitió buscar un nuevo amo apelando a procesos judiciales aduciendo malos tratos, casarse a su gusto, comprar su libertad y poseer bienes como esclavos. A si pues la libertad se obtenía por decisión del amo, manumisión graciosa, autocompra, servicios al Estado (participación en el ejército o tener papel activo en el develamiento de rebeliones) y vía judicial. Esta última será la usada preferentemente por las esclavas apelando a la sevicia, trato indecente o agresión y malos tratos.

Aunque los muy numerosos procesos judiciales demuestran que los esclavos apelaban a una serie de mecanismos legales, en la practica son numerosos los fallos que desestiman sus pretensiones.

La población esclava y la que paulatinamente fue obteniendo su liberad, elaboró y asumió una serie de estrategias organizativas para enfrentar su situación social:

- Las cofradías:

Organización de auxilios mutuos, bajo la advocación de algún santo o santa y dentro de la jurisdicción de una orden religiosa, por ejemplo la santa patrona de los Lucumis era Nuestra Señora de las Mercedes y el de los Mandingas Nuestra señora de los Reyes. Los integrantes o cofrades pertenecían a una casta en particular, aportaban económicamente para el mantenimiento de la institución, asistencia en caso de enfermedad, muerte, ayuda para el matrimonio, refugio para prófugos entre otros; tenían participación activa en las festividades y eran espacios de reproducción cultural.

Al respecto hubo una serie de ordenanzas dirigidas a evitar los bailes y el uso de instrumentos de percusión. Ya en 1549 el cabildo de Lima se quejó de que sus reuniones eran sesiones para planear delitos y asaltos y una excusa para emborracharse. Se cuenta con referencias documentales sobre lo murales en los cuales retrataban su genealogía, guerras tribales, escenas del África y sobre las ceremonias para elegir a sus reyes o reinas, hacia 1670 al terminar los rezos al señor de Pachacamilla (hoy Señor de los Milagros) los negros realizaban danzas dedicadas a Zanajarí o Nyamatsamé, sus dioses buenos según la documentación encontrada.

Las mas antiguas castas que conformaron cofradías fueron las de los Guineos, Congos y Angolas. La primera cofradía se funda en 1540, siendo el apogeo de las Cofradías de negros en Lima hacia el siglo XVII; en el siglo XVIII suman dieciséis pero se encontraban prácticamente arruinadas económicamente.

- La familia extendida:

Que abarcaba una serie de relaciones de parentesco tanto naturales como espirituales y políticas. Esta forma de organización fue fundamental en el proceso de auto manumisión pues permitió organizar la compra de los esclavos, empezando por las mujeres por tener estas un amplio espectro laboral, su costo era menos y permitía ocuparse en actividades que permitan el ahorro. Las labores en las que se desempeñaba la esclava libre eran las de amamantar niños, arrendar una chacra a cambio de un monto mensual, vender masa de pan en las calles, abrir un puesto en el mercado y vender productos, comprar esclavos y ponerlos a trabajar, preparar comida par los transeúntes, el servicio doméstico o, en caso de necesidad económica para algún pariente, volverse a vender.


Resistencia: cimarrones, palenques, revueltas y rebeliones

Podemos clasificar en dos grandes grupos la resistencia esclava:

1.- La resistencia Pasiva


Trabajo a desgano, accidentes, destrucción de instrumentos de producción, destrucción de menaje, sabotaje, participación en cofradías, enfermedad y suicidio. Todas estas se caracterizan por ser cotidianas y no son visibilizadas como un cuestionamiento a la condición de esclavitud.


2.- La resistencia Activa:

Motines, revueltas, rebeliones, cimarronaje, establecimiento de palenques y bandidaje. Se caracterizan por hacerse agudos en situaciones coyunturales, aunque de manera constante se van dando (cimarronaje) y son tomadas como una amenaza al orden establecido.

Desde los inicios de la presencia española hasta las primeras décadas de la república la insurrección afroperuana fue constante. En 1544 los cimarrones tenían presencia a las afueras de Lima y Trujillo y en 1545 en unos pantanos de Huaura (norte de Lima) fue destruido un palenque, en el que los cimarrones y su Rey planeaban derrocar al gobierno español.

Al ser una amenaza constante, el virrey Cañete estableció en 1557 el cargo de "Alcalde de la Hermandad" para operar en los alrededores de Lima y destinada a hacer frente a los cimarrones y bandoleros. Entre sus integrantes se encontraban libertos que recibían el nombre de “mogollones”.

La acción de los cimarrones se desarrolló muchas veces en combinación con los indígenas, por ejemplo durante la resistencia inca en Vilcabamba (1538-1544), Manco Inca contó con la ayuda de cimarrones que conocían las tácticas de guerra de los españoles, a si mismo encontramos cimarrones en el valle de Quillabamba en el Cuzco luchando al lado de los indígenas. A inicios del siglo XVII se produjo una nueva rebelión en la provincia tropical de Vilcabamba, donde existían mas de 2000 negros en 1602 y que estaba coordinada para atacar en dos frentes, contando para ello con los negros del Cusco, la rebelión fue cruentamente sofocada. Igualmente la participación de cimarrones durante la rebelión de Juan Santos Atahualpa fue fundamental, como lo fue también en la rebelión de Túpac Amaru.

A lo largo de la colonia encontramos colaboraciones de este tipo durante las rebeliones indígenas, por ello la política colonial estaba dirigida a enfrentar a ambos grupos, por ejemplo quienes estaban encargados de controlar y castigar a los indígenas en los obrajes eran negros o mulatos, y el oficio de verdugo era ejercido por negros, sean estos esclavos o libertos.

Los estudios que se han realizado sobre el cimarronaje en el Perú se han centrado particularmente en el área de Lima y han establecido la relación entre incremento de cimarronaje y coyuntura agraria, vale decir malas cosechas o sequías que agudizan la presión sobre el trabajo de los esclavos. Debido a su carácter constante, siempre se temió un levantamiento general de los esclavos en el Perú y en determinados momentos se creyó que los ingleses los podrían apoyar.

Esta imagen de complot será también una constante y la encontramos en los procesos judiciales de 1827 y 1829 seguidos al negro libre Juan de Dios Algorta quien es acusado de complotar para asesinar a los blancos y derrocar al régimen presidido por el Presidente conservador Agustín Gamarra.

Los Palenques:

Los Palenques o pueblos de cimarrones, no llegaron a constituirse en estados, ni tuvieron la magnitud poblacional que alcanzó en otras latitudes, sin embargo fueron numerosos. Los medios de vida y formas de producción en los palenques estaban definidos por:

1.- Cultivos agrícolas en campos propios habilitados para este fin en los montes.
2.- Artesanias, especialmente cestas y sombreros que se vendían en los mercados de las ciudades.
3.- Ayuda recibida de los esclavos de fuera consistente en carnes, productos agrícolas, instrumentos de labranza y otros.
4.- Botín de los asaltos.

En Lima tenemos el palenque de Cieneguilla establecido hacia 1631; en 1632 fue destruido uno entre Mala y Calango; el de Carabayllo y Zambrano en 1761; Vicentelo en 1796. Sin embargo, pese a que todos estos palenques fueron una amenaza significativa y requirieron para su destrucción la movilización de un contingente considerable, no tenemos mayores datos sobre su organización interna o líderes, simplemente fueron destruidos. El último cimarrón del que se tiene noticia fue "Zambillo" y fue muerto en la hacienda Quiroz en 1808 ante la negativa de rendirse.

Descripción de un palenque:

En septiembre del año 1713, a las afueras de la ciudad de los Reyes de Lima, en los montes de Huachipa, las tropas del Rey destruyeron uno de los Palenques más importantes del valle. La batalla que duró desde la mañana hasta las tres o cuatro de la tarde acabó cuando el general de los cimarrones cayó herido, su nombre: Francisco Congo, alias
Chavelilla.

Los cimarrones capturados fueron trasladados a la ciudad y se les abrió el proceso judicial titulado Instrucción abierta contra esclavos, Cimarrones, Ladrones y Resistencia a la Autoridad. Año de 1713. Gracias a este documento sabemos por las propias declaraciones de Francisco Congo, que él había sido esclavo de una hacienda en Pisco, de la cual se había fugado hacia dos años atrás, viniendo a la ciudad de Lima "solo con Dios". El alias de Chavelilla se debió a que en Pisco se llevó a una negra de nombre Chavella, que fue recapturada por el corregidor. Tenía seis meses al mando del palenque y treinta años cuando fue capturado.

No tenemos más datos sobre su vida personal. Fue juzgado como criminal por liderar a los cimarrones que buscaban vivir en libertad y por lo tanto, el proceso judicial estaba dirigido a sentenciarlo y castigarlo ejemplarmente. No sabemos cual era su nombre original cuando nació libre, sólo el término Congo nos revela parte de su identidad africana debido a que por regla general a los esclavos se les ponía un nombre español al cual se le agregaba el lugar de su procedencia. Sin embargo este dato no nos dice nada del pueblo o grupo étnico al cual pertenecía Francisco Congo; pudo haber nacido en algún pueblo perteneciente al antiguo reino de Mwani Congo, cuya capital era Bonza Congo o Mbila, que en la actualidad se encuentra en la zona limítrofe con Zaire y la República del Congo, zona en donde se inicia el colonialismo portugués en 1490.

De lo que no hay ninguna duda es que Francisco Congo fue cimarrón, palabra que utilizaban los españoles en América tanto para nombrar al esclavo que se fugaba de su centro de trabajo y trataba de vivir en libertad, como al animal doméstico que huía y habitaba en el monte y al fruto o planta silvestre para diferenciarlo de su variedad cultivada. Nuestro personaje era el líder de un palenque, nombre con el que se denominaba a la aldea cimarrona y al cerco de troncos que la protegía, aunque también con esta palabra se designaba a la cueva, choza o matorral que servia de refugio a uno o dos fugitivos.

Sin embargo el término palenque para referirse a estos poblados no era de uso común en las colonias americanas, en otros lugares del continente se utilizaban nombres como quilombo, cumbe, ladeira, mocambo o mambisas. Su tiempo de duración también varia de un lugar a otro al igual que el número de sus integrantes; en algunos casos duraron apenas meses o algunos años, en otros, se convirtieron en reynos y estados con miles de miembros como el de Yanga en México, Bayano en Panamá, Miguel en Venezuela o Domingo Bioho en Colombia que sobrevivieron por generaciones.

Lo que si es común a todos los poblados cimarrones es el anhelo de vivir de manera independiente, auto sostenible y afirmarse como grupo a partir de la practica de sus tradiciones ancestrales; para lograr esto debían vivir en lugares poco accesibles o de difícil ubicación.

Huachipa "a legua y media de la ciudad de Lima" en tiempos de la fundación del palenque era una zona propicia para refugiarse, los puquíos y pantanos facilitaban la agricultura y cría de animales, los cañaverales aparte de servir de protección proporcionaban la materia prima para la confección de cestas por parte de las mujeres. Es muy probable que hacia fines de 1711 los cimarrones de origen terranovo levantaran el palenque en una zona que seria descrita luego como "paraxe muntuoso".

La población en un inicio estaba conformada por lucumis, araras, minas, criollos y principalmente terranovos, quienes tenían el control y estaban al mando de Martín. No admitían a cimarrones congos probablemente por rivalidades étnicas o religiosas; sin embargo a fines de 1712 aceptan a Nicolás Congo seguramente por que tenía cerca de cincuenta años y teniendo en cuenta las expectativas de vida y el desgaste físico de un esclavo agrario para los terranovos su presencia no significaría amenaza alguna.

La organización interna del palenque estaba distribuida según actividades y cargos, había un general que era el líder y jefe militar, civil y administraba justicia; un capitán y un "capitanillo" o cabo que se encargaban de asistir al general en las batallas y expediciones y un alcalde que se encargaba de hacer cumplir las disposiciones del general así como administrar la aldea. Al momento de alguna acción militar todos los hombres pasaban a ser soldados; las labores agrícolas, domésticas y artesanales eran realizadas por las mujeres; dentro de estas últimas actividades se confeccionaba cestas de totora, "canastitas de junquillo y sombreros y petaquillas" las cuales eran vendidas en la ciudad a través de un "negro viejo" y las compras de algunos productos se realizaba a con los negros que llegaban al monte a cortar leña y quienes también les llevaban noticias de la ciudad, según testimonio de uno de los cimarrones en Lima también había un alcalde reclutador que se encargaban de mandar a cimarrones a Huachipa.

Francisco Congo ingresa al palenque entre los meses de enero y febrero del año 1713 autorizado por Martín Terranovo, dicho permiso pese a las disposiciones de no aceptar negros congos en la aldea se debió a que los terranovos se sentían seguros de su poder al ser mayoría y por que Francisco Congo debió demostrar cualidades muy especiales y esto lo confirma su nombramiento como capitán y alcalde al mismo tiempo por su reconocido valor. Las rivalidades entre Congos y Terranovos se agravan cuando en marzo ingresa Joseph Congo y semanas después Lorenzo Congo. Este incremento de Congos dentro de la aldea se debió al afianzamiento de su liderazgo, mejora y engrandecimiento del palenque con la construcción de otra aldea más arriba del poblado que ocupaban y la habilitación de terrenos de cultivo.

El palenque ahora estaba dividido en dos sectores, el primero era el fuerte y se encontraba ubicado en los montes de Huachipa dentro de los terrenos de la chacra Los Ancones que eran propiedad del tesorero Juan Rodríguez Pedreros, estaba ubicada dentro de tupidos cañaverales y ciénagas sembradas con estacas de caña brava cuyas puntas estaban endurecidas al fuego, de esta forma sólo se podía llegar hasta el fuerte a través de un único caminito que debía ser secreto. El fuerte estaba protegido por un cerco de troncos que tenía una puerta de ingreso pequeña por el cual podía ingresar únicamente un hombre a la vez y en cuclillas. Dentro del fuerte un árbol de sauce servía de mirador, el agua era obtenida de un puquio.

El segundo sector del palenque era la aldea en el Guaico o Guarco, que se encontraba en una "quebrada que está en las cabezadas de la sierra de la provincia de Guarochirí" que son las cabeceras de la ciudad prehispánica de Cajamarquilla. Estaba conformada por una plaza alrededor de la cual había treinta casas distribuidas según el sexo; la particularidad del clima de esta zona la hicieron propicia par tener silos subterráneos acondicionados con pellejos de vacas en donde almacenaban principalmente maíz. Los campos aledaños habían sido habilitados para el cultivo de zapallo, maíz y tunas.

Esta organización del palenque generó rivalidades por el liderazgo. Una noche los terranovos atacaron a Francisco Congo en el fuerte con la intención de asesinarlo, en la lucha sin embargo murieron tres de los agresores; las rivalidades llegaron a su punto culminante dos días después cuando Martín Terranovo y Francisco Congo se enfrentaron en duelo para definir quien sería el líder, Martín Terranovo pagó con la vida su derrota, pero la lucha no terminó ahí pues tuvo que hacer frente también al bozal Salvador Terranovo, a quién luego de vencerlo perdonó la vida; los terranovos sobrevivientes abandonaron el palenque, era abril de 1713.

Francisco Congo paso a ser general, y con el poder que este cargo le daba, nombró a Manuel Lucumí como alcalde, a Miguel La Torre como capitán y a Nicolás Congo como "capitanillo". Estas victorias confirman a Francisco Congo como el auténtico líder de los cimarrones y fortalecía la creencia de que tenía poderes sobrenaturales; él mismo decía presentir las cosas "que su cuerpo le avisaba" y que estaba bajo la protección de Dios y la Virgen María. Salvador Terranovo a quien venció y perdonó la vida, permitiéndole seguir viviendo en el Palenque por ser "bozal que no sabia nada y no estaba bautizado ni lavado de la cabeza", diría en el proceso judicial que su líder "es brujo y que no morirá con hierro por que aunque le dio con el chuso... que le pasó la cara y lo dejó por muerto no quiso morir y se levantó y luego se le cerró la herida".

Francisco Congo también es un líder religioso, y sería el chaman del palenque, es decir, la persona que podía comunicarse con los orishas o dioses africanos que se encontraban a miles de kilómetros al otro lado del océano manteniendo de esta manera parte de sus tradiciones ancestrales, por que también tenían un tambor y este instrumento era el medio para "hablar" con los dioses y para usarlo requería de toda una ceremonia para consagrarlo, por eso que su uso estaba prohibido y perseguido en el virreinato.

Con los congos como líderes indiscutibles del palenque de Huachipa, su población crece rápidamente, las labores agrícolas eran combinadas con la comercialización de productos y el robo de ganado a los haciendas y nunca a los indígenas. Sin embargo parte del ganado robado era compartido con los esclavos de las haciendas y con los que llegaban a la zona de dominio del palenque, de esta forma todos se beneficiaban con su existencia, menos los hacendados.

Una mañana de septiembre de 1713 las tropas del rey al mando del corregidor de Huarochirí, general Martín Zamudio, y con la ayuda de García Mogollón hacendado del valle, iniciaron el ataque al palenque. Luego de varios intentos para ponerlo al descubierto, como quemar la maleza, se optó por bloquear las salidas, para finalmente tomar por asalto el palenque con las milicias de indios reclutados por los hacendados.

Al momento del ataque el número aproximado de habitantes del palenque era de 38 personas, de los cuales 22 eran hombres y 17 mujeres. Los capturados al final de la batalla fueron 29, siendo 8 congos, 6 lucumí, 3 terranovos, 5 minas, 2 carabalí, 2 criollos, 1 arara y 1 popo, el resto probablemente huyó. La edad de los apresados estaba entre los 20 y 50 años, siendo mayor el número de cimarrones cuyas edades estaban entre los 25 y 30 treinta años.

Tomado el palenque, se ordenó a las cuadrillas de indígenas que desforestaran totalmente el monte, el puquio que abastecía de agua al fuerte fue desaguado hacia el rio por una enorme zanja, y la aldea junto con los terrenos de cultivo fueron arrasados y quemados.

27 de los cimarrones juzgados fueron indultados por el Virrey Diego Ladrón de Guevara con la condición de que fueran vendidos lejos de la ciudad de Lima y a una distancia no menor de cuarenta leguas, utilizando el dinero producido por la venta para cubrir las recompensas y gastos de la captura.

El tribunal encontró a Francisco Congo y Manuel Lucumí, culpables de "sedición y tumulto, robos y homicidios" y fueron condenados a la horca y descuartizamiento. Juana Cavesas ama de Manuel declaró "que no tenía ni podía defenderle y que si tenía delito fuese castigado", por su parte Isabel Fragoso ama de Francisco Congo dijo que "no tenía con que costear su defensa".
La sentencia se aplicó.

Bandoleros y rebeliones:

El bandolerismo estuvo asociado al cimarronaje y constituyó una actividad complementaria para obtener recursos para el palenque, sin embargo también existieron partidas de bandoleros que no estaban adscritos a algún palenque. El mas famoso bandolero negro recibió el apelativo de "el rey del monte" y fue hijo de mamá Salomé reina de los terranovos limeños en 1799, quien repartía parte de lo robado a los pobres, fue fusilado frente al Callejón de Petateros en 1815.

Entre el periodo de 1821 y 1854 las partidas de bandoleros estaban constituidos entre 20 y 40 miembros a caballo y fuertemente armados. El episodio más dramático la protagonizó León Escobar el 28 de diciembre de 1835, cuando toma Lima y se sienta en el sillón presidencial, el 30 de ese mismo mes es capturado y el 31 fusilado.

Las sublevaciones de esclavos fueron también constantes y salvo en contadas ocasiones, no buscaron liquidar su condición de esclavos si no que estuvieron dirigidas a conseguir mejoras en las condiciones de vida, alimentación, trato o régimen laboral. Es preciso señalar que debido a las diferentes brechas sociales que abrieron los esclavos, la esclavitud no fue vista como una potestad de los amos blancos, ya que indígenas “del común” y libertos contaban con esclavos para desempeñar sus oficios o labores; a esto hay que agregar que lo que predominaban eran las pequeñas y medianas propiedades que no empleaban un contingente numeroso de esclavos, y cuando esto se dio, la diversidad de procedencias étnicas de impedían la cohesión y la perspectiva de grupo, hay que tener en cuenta que muchos palenques estaban constituidos por cimarrones de un mismo grupo étnico y si había de otros grupos los conflictos eran permanentes; y esto se encuentra refrendado por documentos que permiten establecer la reglamentación de los palenques y quienes podían pertenecer ellos.

Desde esta perspectiva podemos agrupar los levantamientos esclavos en dos grupos:

1.- Los motines y revueltas: dirigidos a mejorar las condiciones de vida y trabajo, no buscan abolir la esclavitud y muchas veces iniciado el levantamiento se acude a la justicia para plantear sus demandas.
2.- Las rebeliones: buscan abolir la condición de esclavitud, pero manteniendo la hacienda como espacio laboral.

Tenemos otros casos de rebelión como los denominados “motines a bordo”, del cual el más famoso, y que fue novelado por Stevenson en su obra “Benito Sereno”, ocurrió el 27 de mayo de 1799 a las tres de la madrugada, cuando estalla una cruenta rebelión a bordo del barco “Santo Domingo” encabezada por Babo, esclavo procedente de Senegal y que pretendían retornar al África. Los rebeldes fueron juzgados en Lima el 24 de setiembre de 1799.

Como ejemplos de motines y revueltas tenemos los ocurridos en las ex haciendas jesuitas y que estuvieron motivados por la reducción de la dieta y la eliminación del acceso a las chacras que los esclavos cultivaban para sí durante la época de los jesuitas. Estas fueron:

- El 10 de agosto de 1768 en la hacienda San Jacinto, ubicada en el valle de Nepeña (Ancash) se inicia una revuelta de esclavos. Entre sus líderes se encontraba Francisco Margarito (en la hacienda San José), Julian Grande y Lorenzo Mombo (en la hacienda San Jacinto)
- El lunes 29 de noviembre de 1779 en la hacienda de San José de la Pampa (Santa, Ancash), constituido por una plantación de caña de azúcar e ingenio, el levantamiento estuvo encabezado por Domingo Chillón, Estanislao Criollo, Ursula Conga, entre otros.
- En la hacienda Motocachi en 1786 del valle de Nepeña se producen otra sublevación.
En otros casos una misma hacienda sufre diferentes levantamientos como es el caso de la Hacienda San Pedro en el valle de Lurín, que era de las mas grandes de los valles de Lima, que en 1826, 1833 y el 18 de noviembre de 1844 atraviesan por insurrecciones esclavas.

Como ejemplo de rebeliones tenemos los ocurridos en Trujillo:

- En 1848 en la hacienda Nepén los esclavos sublevados proclaman su libertad.
- En el año de 1850 todos los esclavos del valle de Chicama, Santa Catalina y de la ciudad de Trujillo se sublevaron, enfrentándose al ejercito, tomaron la plaza de armas, abrieron las cárceles, invadieron los cuarteles para tomar las armas y obligaron al prefecto y a los hacendados a firmar su manumisión, esta rebelión ha sido considerada como uno de los principales motivos para decretar la abolición de la esclavitud.

Pero no solo durante el periodo de la esclavitud se dieron estas rebeliones, sino también durante las primeras décadas de república, como producto de la reacción frente al régimen laboral y estuvieron orientadas a destruir las haciendas, como ejemplo de este tipo de levantamientos tenemos:

- En Chincha: ocurrido el 23 de diciembre de 1879, cuando mas de 300 campesinos negros tomaron y asesinaron a los administradores de las haciendas San José, Hoja Redonda y Larán al grito de ¡A matar hacendados! y ¡viva Piérola!. Es preciso señalar que este hecho se da durante la guerra con Chile y los hacendados atacados brindaban apoyo al ejército invasor. Para el 25 de diciembre se temía que la rebelión se propagaría a Pisco, y los hacendados y sus familias abordan buques en la bahía; los rebeldes intentaron tomar la ciudad de Chincha y el 25 de diciembre la rebelión fue sofocada en los cañaverales de San José por fuerzas provenientes de Pisco y Chincha.

- En Cañete: en febrero de 1881 hubo una revuelta de campesinos negros en Cañete, que era el emporio de la caña de Azúcar, se tomó y quemó la casa hacienda al igual que los cañaverales, para 1891 numerosos documentos y petitorios describían que todo seguía en ruinas.

Estas rebeliones tendrían su prolongación en la acción sindical que se desarrollaría con intensidad hasta 1930 principalmente en la industria textil y manufacturera, y esto se sabe por algunos testimonios y referencias documentales. La historia del movimiento obrero y sindical en el Perú aún no reconoce esta participación


La abolición de la esclavitud


Después de la independencia en 1821 no existían mas de 41,000 esclavos en el Perú los cuales se verían notablemente disminuidos con las posteriores guerras para asegurarla y las producidas por los enfrentamientos civiles entre los diferentes caudillos militares.

La abolición decretada en 1854 fue el resultado de una serie de marchas y contramarchas a nivel de gobierno y se inscribe en un largo proceso, en donde predomina un escaso debate sobre la abolición, es por ello que todas las medidas posteriores que se dieron estaban orientadas a beneficiar unilateralmente a los ex propietarios, y sirvieron para proveerlos del capital proveniente del comercio del Guano de las Islas que permitió la capitalización de las haciendas costeñas.

De manera sintética el proceso fue el siguiente:

- El 16 de noviembre de 1780 Túpac Amaru, en el santuario del Señor de Tungasuca de Pampamarca en el Cusco decreta la primera abolición de la esclavitud. Fracasada la rebelión indígena, será hasta inicios del siglo XIX cuando se trate nuevamente el tema.
- El 23 de setiembre de 1817 en Madrid, España firma un tratado con Inglaterra para la eliminación del comercio esclavista Atlántico.
- Por Real Cédula del 17 de diciembre de 1817, la corona española prohibió definitivamente la compra de esclavos en las costas de África.
- Con la abolición de la trata esclava atlántica, las últimas remesas de esclavos provenientes de ultramar habrían llegado al Perú hacia 1816 y el 18 de marzo de 1818 llega al Callao el último cargamento oficial de esclavos procedentes del África a bordo de la fragata “Rita”, procedente de Santander (España).
- En la primera mitad del siglo XIX hay presiones para reabrir el tráfico negrero, se aduce que faltan brazos para la producción y que las haciendas podrían colapsar.
- 28 de julio de 1821, San Martín proclama en Lima la independencia del Perú, para lograr esto, pactó con la aristocracia limeña el no ingreso a la ciudad de los ejércitos negros y pardos, los cuales acamparon a extramuros de Lima.
- El 12 de agosto de 1821 San Martín decreta la libertad de todos los hijos de esclavas nacidos a partir de esa fecha, la emancipación gradual de los ya nacidos y la prohibición del tráfico negrero.
- 6 de noviembre de 1821, San Martín decreta la inmediata libertad de los esclavos pertenecientes a españoles y su incorporación inmediata a la infantería de línea.
- 23 de noviembre de 1821, San Martín decreta la libertad de todo esclavo procedente del extranjero que llegase a tierra peruana; las Constituciones de 1823 y 1828 recogieron esa prohibición.
- 19 de setiembre de 1825, Simón Bolivar restablece la condición de esclavos a quienes no estén en el ejército.
- En 1829 Perú y Colombia firmaron un acuerdo para abolir el trafico negrero procedente de África y esta se vería reflejada en la constitución de 1834.
- 10 de marzo de 1835 Salaverry, por presión de los hacendados, legalizó nuevamente la trata.
- 5 de junio de 1837, la Confederación Perú-Boliviana firmó un tratado mercantil con Inglaterra para conseguir la abolición total de la esclavitud.
- 1839, los hacendados consiguieron que la Constitución de Huancayo no hiciera mención al tráfico, permitiéndose este tácitamente.
- 27 de noviembre de 1840, se deroga la ley que prohibía el tráfico de esclavos y se intenta reanudar la trata africana.
- El 17 de diciembre de 1845 en vísperas de verse refrendados los pedidos de los hacendados para la apertura del tráfico se formó una compañía para introducir esclavos del Chocó, los cuales en número de 480 ya estaban comprados y fueron introducidos 500. Desde mediados de 1830 ya existía un comercio clandestino con Nueva Granada hacia la región de Piura. Domingo Elías trajo el último cargamento de esclavos negros entre 1850 y 1854.
- 1850, estalla la rebelión de esclavos en Trujillo que involucra al valle de Chicama, Santa Catalina y la ciudad de Trujillo, obligando al Prefecto y a los hacendados a firmar su manumisión. Esta rebelión generó una serie de debates sobre el “problema de los esclavos”.

A diferencia de otros lugares de América, en el Perú no hubo un contexto ideológico que sustente la abolición decretada por Castilla. En 1854 la fuerzas revolucionarias de Ramón Castilla de carácter liberal, buscaban derrocar al gobierno corrupto de José Rufino Echenique. El 18 de noviembre de 1854 el presidente Echenique buscando atraer el apoyo de los esclavos, decreta la abolición de la esclavitud enunciando la necesidad de asegurar el triunfo de las instituciones y del orden social, por lo cual todo esclavo domestico o de hacienda que se presentase al servicio del ejercito obtendría la libertad, la cual se extendería a su mujer legitima. El servicio era de dos años como mínimo en el ejercito, además de la indemnización para el amo.

Desde Huancayo el 3 de diciembre de 1854, Castilla hizo conocer un decreto que ordenaba la abolición de la esclavitud en el Perú, que según decía ya estaba prevista una vez terminada la guerra y hace hincapié en que “serian indignos de la libertad únicamente los esclavos o siervos que tomen las armas y sostengan la tiranía del ex presidente D. José Rufino Echenique, que hace la guerra a la libertad de los pueblos”, asegura igualmente un justo precio para los amos y a los patrones de los ciervos libertos.

Según Ricardo Palma –en un artículo publicado en 1899-, el calculo de Castilla de los esclavos manumitidos era:

De los nacidos antes de 1821................................4,000
De los nacidos de 1821-1839.................................6,000
De los nacidos de 1839-1854.................................7,000

Según el mismo autor los gastos que demandaría la abolición se podría cubrir con el gasto fiscal pero no se contó con la falsificación de partidas bautismales y que se elaborarían expedientes con esclavos muertos, estimándose en 9,500 “la cifra de estos resucitados”. La cifra final de esclavos manumitidos fue de 25,505 y hacia 1872, durante el gobierno de Balta, se terminó de pagar los vales. En este caso la primera beneficiaria fue la iglesia como principal poseedora de esclavos y ante la protesta por el proceso fraudulento de reconocimiento de la deuda no se hizo nada. En el entorno de Castilla se encontraba Domingo Elias, rico hacendado de la zona de Ica, al sur del Perú quien importó –pese a la prohibición- esclavos de la zona del Chocó Colombiano, comprándolos a bajo precio, para hacerlos pasar como suyos y cobrarle al Estado la “perdida” de su fuerza de trabajo, a este personaje nuevamente lo encontramos en la “contratación” de culies chinos para sus haciendas, en otro de los procesos de tráfico humano hacia nuestros territorios.

El decreto del 3 de diciembre fue complementado con otro del 23 de enero de 1855 que permitía disponer del trabajo de los esclavos hasta terminar las cosechas y estipulaba la expulsión de los no productivos. Se encomendó un reglamento del trabajo rural a los hacendados y la junta preparó el decreto publicado el 7 de abril de 1855, que según denuncias de la época, configuraron un régimen laboral peor que el abolido.

El 9 de marzo de 1855 se dictó el Decreto que reglamentaba la indemnización a los propietarios, estableciéndose el pago de 300 pesos sin distinción de edad ni sexo. Como señalamos en la practica se cobró incluso por los muertos y libertos antes del decreto. El 16 de marzo de 1855, se nombra en Chorrillos las comisiones que se encargaron de repartir las papeletas de libertad a los esclavos. Entre 1854 y 1860 se “manumitieron” 25,505 esclavos, cuando en realidad en 1854 existían alrededor de 17,000 . El Estado indemnizó a los amos por un monto de 7’651.500 pesos, se cometió un fraude de mas de dos millones de pesos.

Evolución demográfica de los afroperuanos


Como ya hemos señalado, las cifras para construir la evolución demográfica de los afroperuanos presentan una serie de vacíos y contradicciones. En primer lugar los censos coloniales fragmentan la población afroperuana en categorías dictadas por el color de la piel, a esto se agrega que muchas veces se censa únicamente a los varones y muchos amos esconden el número real de esclavos para evitar pagar la tasa correspondiente, a esto hay que agregarle la población ausente por ser cimarrona o bandolera.

No hay estudios sobre la tasa de natalidad ni para la colonia ni para la república, se sabe por referencias documentales que había una alta tasa de mortalidad infantil, detrás del cual estaría el deseo de que la prole no sea esclava, aun hoy en numerosas comunidades hay una serie de medicamentos naturales dirigidos a evitar el embarazo o detenerlo, por ello algunas haciendas jesuitas establecieron si una madre daba seis niños que lleguen a la edad de caminar obtendrían su libertad.

En los primeros años de la invasión española los negros llegaban a 50 personas, hacia 1550 eran 3,000, en 1590 llegaban a 20,000 en Lima y el Callao, en 1614 eran el 40% de la población de Lima, en 1791 el 60%, en 1830 el 12% eran esclavos y 82% castas, en 1862 11% y en 1908 el 4.8%.

Algunos documentos señalan para 1793 una población de negros y pardos de 81,841 individuos y a fines del siglo XVIII en el virreinato habría mas de 100,000.
Un cuadro tentativo de la evolución de la población afroperuana, según Miguel Glave, sería:

año blancos indios negros

1570 25,000 8’000,000 n/d
1650 70,000 600,000 90,000*
1791 380,000 764,894 59,462
1876 1’040,652 1’504,678 40,664
1940 3’283,360 2’874,196 29,054

* 30,000 eran mulatos

Durante la república, según señalan algunos autores, los censos nacionales de1836, 1850, 1862 y 1876. Según este último los negros estaban distribuidos en:

Costa Sierra Selva

Lima 15,404 Cajamarca 1,051 Loreto 110
Piura 5,380 Junin 472 Amazonas 108
Arequipa 3,854 Cuzco 417
Lambayeque 2,683 Huancayo 343
Callao 2,646 Ayacucho 311
Libertad 2,467 Puno 224
Ancash 2,453 Huancavelica 161
Tacna 1,299 Apurimac 96
Moquegua 621
Tarapacá 564

Total 37,371 3,075 218

El último censo que incluyó la variable “raza” para identificar a los diferentes grupos étnicos, fue el de 1940, en el la población afroperuana estaba distribuida en:

Costa Sierra Selva
Lima 13,732 Cusco 212 Loreto 165
Ica 5,889 Junín 174
Piura 3,713 Cajamarca 102
Lambayeque 1,280
Callao 1,191
Arequipa 800
La libertad 577
Ancash 409
Tacna 296
Tumbes 147
Moquegua 113

Total 28,147 488 165

En este Censo la población censada a nivel nacional fue de 6’207,967 de los cuales la población afroperuana (28,800) representa el 0.47%.

Estas cifras son muy cuestionables, pues para el censo de 1940 la población blanca era de 3’283,360 individuos, la de indígenas 2’874,196 y la de negros 29,054; si tenemos en consideración que ha sido una constante el negar los orígenes étnicos de los grupos subordinados vemos pues que esto se corresponde con el incremento de la categoría “blanco” dentro del cual se incluirían todos los individuos que se alejan por “mestizaje” del tipo étnico establecido como indígena o negro.

Para graficar las objeciones pondremos el caso de Piura, para el censo de 1940, en todo el departamento hay 3,713 negros, que es una reducción considerable en relación al consignado por el censo de 1876 que establece 5,380 negros igualmente para todo el departamento, siguiendo este comportamiento poblacional lo lógico sería pensar que la tendencia es a la disminución. Sin embargo un censo llevado a cabo por el CEDET en el año 1999 en el distrito de Chulucanas, perteneciente a la provincia de Morropón en Piura, estableció que sólo en el Poblado Mayor de Yapatera y sus anexos próximos, que es una zona rural, cuenta con 6,105 afroperuanos.

Sobre la base de estos datos las organizaciones afros y organismos internacionales han establecido una proyección tentativa de la población afroperuana según la cual estaría bordeando los 2´500,000 individuos, es decir aproximadamente el 10% de la población. Este porcentaje se basa principalmente en una “constante histórica poblacional”. Para algunos críticos de esta cifra sería más adecuado fijarla en un 5% en el mejor de los casos; entre ambas cifras lo que está en juego es la discusión sobre la categoría de minoría y la urgencia en el derecho a acciones políticas afirmativas.

Colectividad, comunidad, pueblos y Pueblo:


Las juntas que se establecen en 1855 para distribuir las papeletas de libertad constituyen un referente histórico de la distribución geográfica de los afrodescendientes. Según la ubicación de estas juntas, la población esclava se encontraba según la división política y administrativa de ese entonces en: Lima, Callao, Bellavista, Lurín, Surco, Ate, Magdalena, Huatica, Bocanegra, Lurigancho, Carabayllo, Chancay, Sayán, Huaura, Barranca, Nepeña, Pativilca, Santa, Trujillo, San Pedro, Chiclayo, Lambayeque, Chota, Cajamarca, Payta, Piura, Mala, Cañete, Chincha, Pisco, Humay, Chunchanga, Ica, Palpa, Nasca, Acarí, Ocoña, Caravelí, Camaná, Aplao, Tambo, Tacna, Arica, Arequipa, Moquegua, Sama, Locumba, Iquique, Tarapacá, Puno, Cuzco, Ayacucho, Huancavelica, Jauja, Huanuco y Cerro de Pasco.

Si comparamos estas zonas con los datos del censo de 1940, que como indicamos consigna por última vez el termino “raza”, encontramos que existe en algunos casos una continuidad en la ubicación de tal forma que la población negra se encontraba en:

- Tumbes: Tumbes y Zarumilla.
- Piura: Talara, Negritos, Tamarindo, Paita, La Huaca, Castilla, Lancones, Sullana, Las Lomas, Suyo, Frías, Tambo Grande, Chulucanas, Morropón y Salitral.
- Lambayeque: Canchaque, Motupe, Salas, Jayanca, Pacora, Lambayeque, Chiclayo, y Picsi.
- La Libertad: Zaña, Ascope, Chocope, Trujillo y Virú.
- Ancash: Nepeña, Casma y Pativilca
- Lima: Supe, Huaura, Huacho, Végueta, Sayán, Huaral, Chancay, Huamantanga, Callao, Lima (Carabayllo, Puente Piedra, Rimac, Cercado de Lima, Magdalena Vieja, Magdalena del Mar, San Isidro, Miraflores, Barranco, Chorrillos, Ate, La Victoria, Lince y Surco), Mala, Imperial, San Luis y San Vicente.
- Ica: Chincha Alta, Tambo de Mora, Humay, Chincha Baja, El Carmen, Pisco, San José de los Molinos, Ica, Palpa, El Ingenio y Nasca.
- Cusco: Ipal.
- Loreto: Iquitos.
- Arequipa: Acarí, Camaná y Mollendo.
- Moquegua: Ilo y Moquegua.
- Tacna: Tacna, Sama y Locumba.

¿Cuál ha sido el patrón de establecimiento poblacional afro?, unir los datos de 1854 con los de 1940 es un primer indicador para la ubicación de algunos poblados, sin embargo se debe tener presente que:

1.- Al momento de la abolición la población esclava era minoritaria. ¿En donde se establecía y se estableció la población libre?
2.- Los datos censales ubica a los individuos en el momento del censo, por lo cual los grupos pequeños no se sabe si son trabajadores migrantes o parte de una población en descenso (como sucede hoy en día en algunos pueblos negros).
3.- Algunos poblados negros se encontraban en lugares inaccesibles y pueden haber quedado fuera de cualquier recuento (aún hoy lo son).

Luego de estos datos oficiales la ubicación geográfica de los afroperuanos desaparece del escenario oficial. Esta invisibilidad y desconocimiento sobre la problemática negra movilizó a la reflexión y búsqueda de las raíces y componentes de la situación de exclusión y pobreza en la que se encuentran los afros, de tal forma que hacia mediados de los 70 del siglo pasado surgen organizaciones juveniles e instituciones en la ciudad de Lima principalmente, que trascendían las actividades artístico-culturales para analizar el papel de los afrodescendientes en la constitución del Perú.

Algunas de estas organizaciones surgieron bajo la imagen de las panteras negras norteamericanas, la ideología del poder Negro, de la Negritud y de los movimientos nacionalistas africanos, algunos de sus impulsadores militaban en la izquierda y la característica fundamental de estas organizaciones es la de buscar construir una identidad social y política; por diferentes razones y circunstancias estas aspiraciones no tuvieron mayor trascendencia en el tiempo y será recién a mediados de los ochenta que surgirán instituciones que de una y otra forma continúan hasta la actualidad.

Una de las características en la conformación de las familias afrodescendientes es la de ser extensas. Ya desde la colonia encontramos referencias a cómo habiendo familias separadas por la venta de alguno de sus miembros se continua manteniendo los lazos en el tiempo y hay casos de fuga para visitar a familiares, asistir a algún evento importante o contraer matrimonio, además siempre hubo una interacción campo-ciudad entre los palenques y los centros urbanos. De esta forma vemos a la población afroperuana como un grupo étnico históricamente constituido en donde las comunidades rurales y urbanas revisten problemas particulares derivadas de su situación de exclusión y si bien es cierto en las zonas urbanas hay barrios negros que en una concepción extensa pueden son considerados como comunidad en el sentido de colectivo de personas étnicamente diferenciadas, es en el medio rural en donde encontramos el espacio social de una población afrodescendiente nucleada, unida por vínculos de parentesco, de reciprocidad, tradición y de manejo del ecosistema a partir del cual se podría construir la noción de Pueblo afroperuano teniendo como fundamento el uso y preservación del territorio, es este interés unido a la constatación de que en estos espacios es donde se va recreando la cultura y la cosmovisión negra, que reviste no solo interés político sino también étnico de primer orden.

Según lo que se ha podido constatar el origen de los actuales poblados negros están ligados en algunos casos a las haciendas ya sea por que se formaron en las periferias de las mismas o en antiguos palenques (por ejemplo la Banda, el Guayabo, el Ingenio de Morropón) en todo caso las referencias para precisar la época de sus inicios nunca son precisos existiendo en el mejor de los casos la fecha de su reconocimiento oficial que obviamente son muy posterior al establecimiento del poblado.

De esta forma no hay una terminología precisa para denominar a los poblados afros, nosotros venimos utilizando indistintamente comunidades o pueblos para el área rural o rural-urbano, colectividad para referirnos al conjunto de afrodescendientes o también comunidad y Pueblo para referirnos a la construcción de un proceso colectivo y participativo afroperuano.

Como mencionáramos antes la mayor parte de la población afrodescendiente se encuentra en las ciudades como Lima y Callao y otras de la costa agrupados en algunos casos en barrios como en la Victoria, San Miguel, Pueblo Libre, Magdalena, Puente Piedra, Ventanilla, etc.

Principales Comunidades:

PIURA:

Piura - Las Lomas - Las Lomas
Ayabaca - Suyo - La Tina
Morropón - San Juan Bigote - San Juan Bigote
Morropón - Morropón - Morropón
Morropón Salitral - La Alberca
- Malacasi
- Serrán
Morropón - Chulucanas - Chapica
- Talandracas
- Yapatera-Cruz Pampa
Morropón - Buenos Aires - Buenos Aires
- El Ingenio de Buenos Aires
- La Pilca

LAMBAYEQUE:

Chiclayo - Picsi - Capote
Zaña - Zaña

ANCASH:

Santa - Nepeña - Motocachi
- San Jacinto
- San José

LIMA:

Huaral - Aucallama - Aucallama
Cañete San Luis - San Luis

ICA:


Chincha - Alto Laran - Alto Laran

- Ayoque
- La Calera
- El Pedregal
- El Hornillo
- Guamampalí
- El Juncal
Chincha - Chincha Baja - Cányar
- Lurinchincha
- Miraflores
Chincha - El Carmen - Chacarilla
- Chamorro
- Cañapay
- El Carmen
- El Guayabo
- Guerrero
- Huarangal-
- La Estrella
-
Las Huacas
- Pinta
- Punta de la Isla
- Ronceros Alto y Bajo
- San Genaro
- San José
- San Luis
- San Regis
- Sarandango
- Tambo Cañete - Tejada- Viña Vieja

Chincha Tambo de Mora - El Cote
- Tambo de Mora

Pisco Pisco - Pisco

Pisco Independencia - El Palto
- Manrique
- San José
- San Jacinto

Ica La Tinguiña - La Tinguiña

Ica Parcona - Acomayo - Parcona

Ica Ica - Santa Rosa de Cachiche

Ica San José de los Molinos - Huamaní
- Pampa de la Isla
- Ranchería
- San José de Los Molinos
- Santa Rosa

Nazca El Ingenio - El Ingenio- Estudiante
- La Banda
- San José
- San Pablo

Nazca Changuillo - Cabildo
- Changuillo
- Coyungo
- Juarez

- La Legua
- San Javier- San Juan Nazca Nazca - Cahuachi

AREQUIPA:

Caravelí Acarí - Acarí Antiguo

TACNA:

Jorge Basadre Locumba
-
Locumba

Tacna Sama - Las Yaras- Sama

Tacna Inclan - Sama Grande

Hay un elemento característico y determinante en la conformación de los poblados negros que mediatiza las posibilidades de aspirar a reivindicaciones de tipo territorial y es su tardío acceso como colectivo a la propiedad de la tierra mediante la reforma agraria del gobierno militar.





1 Para un balance sobre la bibliografía referida a los afroperuanos ver el trabajo de Newton Mori “El mundo afroperuano. Guía bibliográfica”, en: Identidad, historia y política. Materiales para la formación del liderazgo afroperuano. Escuela de líderes “José Carlos Luciano” - CEDET, 2005.


2 The african eslave in colonial Peru 1524 – 1650. Stanford University Press, 1973. La edición en castellano fue publicada en 1977 por Siglo XXI de México y se tituló El esclavo africano en el Perú colonial 1524 – 1650.

3 Agentes de su propia libertad. Los esclavos de Lima y la desintegración de la esclavitud, 1821 – 1854. Fondo editorial de la Pontificia Universidad Católica del Perú. 1ra. edición 1993, Lima.
Dentro de la misma línea que privilegia la dimensión social y humana del afroperuano inmerso en una sociedad racista y violenta, recientemente a publicado otro extraordinario libro: Breve historia de la esclavitud en el Perú. Una herida que no deja de sangrar. Fondo editorial del Congreso de la República. Lima, 2005.
4 El 3 de noviembre de 1935, Fernando Romero Pintado publica en el diario La Prensa el artículo “Ubicación cronológica de nuestro negro”, y hasta mediados de la década del 40, prácticamente será el único dedicado a estudiar las manifestaciones culturales de los negros, destacándose su interés por la lingüística, los instrumentos musicales y sus antecesores africanos, la marinera y el folklore; estuvo muy influenciado por los estudios de Fernando Ortiz. En 1947 Roberto Mac-Lean publica Negros en el Perú, que intenta ser un estudio sociológico objetivo, que contribuirá a formalizar académicamente muchos prejuicios y en 1955 Emilio Harth-Terré publica una de sus primeras contribuciones al conocimiento del pasado Afroperuano.
5 Aristocracia y plebe. Lima 1760 – 1830. Mosca Azul editores.

6 Instrucción para el manejo de las haciendas jesuitas del Perú (siglos XVII-XVIII), en: Nueva Corónica, fasc. 2, Universidad Nacional Mayor de San Marcos, 1966. Iglesia y economía en el Perú durante el siglo XVIII, en: Trabajos de Historia, tomo 2, 1977. Haciendas jesuitas del Perú, en: Trabajos de Historia, tomo 3, 1977. Los jesuitas y la agricultura de la caña, en: Trabajos de Historia tomo 3, 1977. Tratados de utilidad, consultas y pareceres económicos jesuitas, en: Trabajos de Historia, tomo 3, 1977. Plantaciones azucareras andinas (1821 – 1875), en: Trabajos de Historia, tomo 4, 1977.

7 Sublevaciones de esclavos en el Perú. Siglo XVIII. 1975.

8 Hacienda, comercio, fiscalidad y luchas sociales (Perú colonial), 1981.

9 Indios detrás de la muralla. Matrimonios indígenas y convivencia interracial en Santa Ana. Lima 1795 – 1820. Fondo editorial PUCP, 1999.

10 Distribución de la población negra y el polimorfismo social en el espacio andino, en: Historia y Cultura. N° 24, 2001. Los negros en el espacio andino: Piura y Huamanga, en: Los Afroandinos de los siglos XVI al XX. UNESCO, 2004. Los negros y el mestizaje en Piura y Huamanga, en: La abolición de la esclavitud y sus procesos en el Perú, América Latina y el Caribe, CEDET, 2004.

11 Cimarronas y bandoleras en Lima colonial, 1760 – 1820. Tesis de maestría, UNMSM, 2005.

12 Manumisión y forcejeos. Perú en los años 1854 – 55, en: La abolición de la esclavitud y sus procesos en el Perú, América Latina y el Caribe, CEDET, 2004. El libro que reúne los trabajos preparados por el equipo coordinado por Rodríguez Pastor se encuentra en preparación y tiene como título provisional: Abolición, Año I.

13 José Matos Mar y Jorge Carvajal : Erasmo Muñoz. Yanacón del valle de Chancay. IEP, 1974.

14 Los estudios antropológicos en nuestro país, son tributarios directos del interés generado en la década del 20 del siglo pasado frente a las movilizaciones indígenas y el denominado “problema del indio”, ante el cual los intelectuales intentaron formalizar en propuestas de diversa índole, la inclusión o exclusión de, en ese entonces, el componente social mayoritario del Perú. Esta crisis en la representación e imaginario social, que modificó dramáticamente la percepción de una sociedad que supuestamente, y deseaban sus elites, se encaminaba indefectiblemente a una modernidad occidental, persiste hasta el día de hoy y son los que marcan de manera directa o indirecta las pautas de investigación y el grupo social objeto de la misma. A manera de ejemplo podemos citar lo que menciona Olinda Celestino con respecto a los yanaconas en su exposición Los Afroandinos y la “Ruta del Esclavo” (en: Los afroandinos de los siglos XVI al XX. UNESCO, Lima):
“Al llegar el siglo XX todavía el yanaconage estaba presente. Como antropóloga lo he investigado, y todos ustedes lo saben. Los yanaconas en las grandes haciendas del Perú, y sobre todo en la costa, eran negros; pero le pregunté a un gran especialista en yanaconas, José Matos Mar, quien me respondió: “...te estás equivocando de camino, no hay negros, ¿qué es eso?” . Yo le dije: “...hay yanaconas que cantan décimas; son negros..., yo misma los he visto en el valle de Chancaí, Chicama”. Las poblaciones de las haciendas de la costa peruana, la población trabajadora, el proletariado agrícola en su mayor parte, estaba compuesto de negros, y la reivindicación del yanaconage desde los años cuarenta es enorme.” p. 29.

15 La más conocida e incluso mencionada por algunos académicos hasta el día de hoy, es la de sostener de que los esclavos no se adaptaron a las altitudes de la sierra y por ello se encuentran únicamente en la costa. Uno de los antecedentes académicos de estas apreciaciones la tenemos en la obra del Dr. en sociología Roberto Mac-Lean y Estenos, Negros en el Perú (Ed. Miranda, Lima 1947) incluido luego en su obra Negros en el Nuevo Mundo (Ed. P.T.C.M., Lima 1948) de donde tomamos las siguientes citas:
El clima y la altura devolvieron a la costa los negros que habían sido llevados a las cordilleras andinas y que no pudieron adaptarse a su ambiente. No resistieron los negros, como lo hicieron los blancos, los embates de la agresión climática. Los españoles después de ruda lucha biológica se aclimataron en las sierras peruanas. Los negros jamás pudieron hacerlo. En ellos los Andes se tomaron la revancha. “Gallinazo no canta en puna” dice socarronamente, por eso, un adagio popular que se origina en los días lejanos de la colonia. La costa fue, en cambio, el área propicia para los negros en el Perú...No hubo por eso, un ostensible cruzamiento afro-andino. Pero sí hubo, antes bien, un mestizaje afro-yunga y otro mestizaje afro-hispano, fermentado en la costa peruana desde los años del coloniaje.” p. 129.

En cuanto al comportamiento y creencias religiosas de los negros sostiene:

Los mulatos o zambos, provenientes del cruzamiento de negros y blancos, tuvieron, por lo general, las características de la vanidad, la osadía, la insolencia, la sensualidad y la holgazanería.” p. 130.
Sensuales por atavismo y por temperamento, bajo los múltiples estímulos de la herencia, el ambiente colectivo, el clima, las costumbres y su propio arte, los negros no conocieron freno a su lujuria y se extralimitaron en todos los excesos.” p. 142.
Trajeron del África los negros el alma, el ardimento (sic) y la sensualidad tropicales, signo que fueron estimulados por nuestro ambiente costeño, perezoso y sensual.” p. 138.
Pocos como él sienten tanto temor a lo sobrenatural y se encuentran tan enredados en las tupidas mallas de las supersticiones. El negro de otros siglos fue brujo y hechicero en nuestro país y lo sigue siendo hasta ahora.” p. 133.

Finalmente sobre la problemática de los afrodescendientes afirma que:

Los negros en el Perú de hoy, por las características de su vida, por su status económico y por el ambiente colectivo nacional, no constituyen ni plantean ningún problema. Ni el de las minorías ni el de la discriminación, ni el de la segregación, en ninguna de sus calidades o expresiones” p.154.
Como ciudadanos podrán tener y seguramente tienen muchas aspiraciones de mejoramiento social. Pero como negros nada tienen que reivindicar por razón de su piel. La piel, por negra o amarilla que sea, no es tabú en el desenvolvimiento social del Perú contemporáneo que goza, antes bien, de los beneficios inherentes a la convivencia pacífica y fraterna...” p. 156.

El Dr. Mac-Lean no era un improvisado en el tema negro. Entre 1928 y 1945 realizó viajes de investigación sobre el tema afro a Estados Unidos, México, Brasil, Venezuela, Cuba, Panamá y Centro América que incluyó la revisión de la bibliografía y documentos junto con trabajo de campo, por lo cual sus apreciaciones son el resultado de los conocimientos y prejuicios de la época. Siguiendo esta contextualización entre conocimientos y prejuicios podemos citar a José Carlos Mariátegui quien en su obra 7 Ensayos de interpretación de la realidad peruana (Emp. Ed. Amauta, Lima 1968) sostiene que:
El aporte del negro, venido como esclavo, casi como mercadería, aparece más nulo y negativo aún. El negro trajo su sensualidad, su superstición, su primitivismo. No estaba en condiciones de contribuir a la creación de una cultura, sino más bien de estorbarla con el crudo y viviente influjo de su barbarie.” p. 271.
El negro esclavo prestó al culto católico su sensualismo fetichista, su oscura superstición. El indio sanamente panteísta y materialista, había alcanzado el grado ético de una gran teocracia; el negro, mientras tanto, trasudaba por todos sus poros el primitivismo de la tribu africana”. p. 140.
El chino y el negro complican el mestizaje costeño. Ninguno de estos dos elementos ha aportado aún a la formación de la nacionalidad valores culturales ni energías progresivas.” p. 270.

Resulta sintomático esta última apreciación de Mariátegui con respecto a la relación pertenencia étnica/individuo/cultura y el clima imperante con respecto a la abolición de la esclavitud y la inmigración china en 1855: “para desarrollar sus elementos de riqueza y llegar al rango de la nación poderosa y opulenta, el Perú necesita una población que corresponda a su extensión territorial, sus gobiernos deben esforzarse haciendo sacrificios para atraer inmigrantes agricultores, para colonizar sus vastas soledades. Con el fin de conseguir tan grandiosos resultados, no es indiferente escoger la raza para no hacer degenerar la actual, sino que le comunique un nuevo vigor...La introducción de africanos en estos países, impidió la de los europeos como trabajadores, causa principal por que el trabajo manual se reputó servil y deshonroso para los blancos...hoy nos hallamos amenazados de una invasión de chinos...¡Cuán lindos serán nuestros nietos!”. El Comercio, 4 de octubre de 1855, p. 4.

Estas apreciaciones obviamente han redundado hasta el día de hoy en los análisis sobre la capacidad política y aporte de los afrodescendientes. Pero es preciso señalar que por los años en que Mariátegui escribe los textos fundacionales del marxismo y el socialismo peruano todos los textos disponibles sobre los afrodescendientes estaban destinados a denigrarlos a contracorriente de lo que sucedía con los indígenas y el indigenismo.

16 Si lo comparamos con los capítulos dedicados a Grecia y Roma, el feudalismo europeo, las cruzadas, las revoluciones burguesas etc.

17 Ver por ejemplo la compilación realizada por el CEDET: Los Afroperuanos. Trayectoria y destino del Pueblo Negro en el Perú. 2002.