Mi identidad afroperuana
Me salvé por un pelo
Rosa Dorival
Noviembre 2014
CÓMO HAS CAMBIADO PELONA
Cómo has cambiado, pelona,
cisco de carbonería.
Te has vuelto una negra mona
con tanta huachafería...(Nicomedes Santa Cruz)

El 4 de junio, Día de la cultura afroperuana, escuché a una ponente que manifestaba estar muy preocupada por el cabello ya que para ella el cabello es un marcador de identidad potente. Aunque parece un asunto trivial y muy superficial, yo quiero responder en nombre de las miles de mujeres afros, muchas de ellas militantes y activistas en pro de los derechos de los afros, de Colombia, Brasil, Estados Unidos, República Dominicana, etc. que no, la identidad no pasa por el cabello.
Se menciona en este discurso, que lacear el cabello es una muestra de resistencia y de resiliencia frente a las manifestaciones racistas, lo cual me parece una exageración ya que todas somos conscientes que los “insultos” no cesan porque ya no estás crespa.
En primer lugar debemos recordad que la diferenciación y jerarquización de seres humanos y grupos es un hecho que se inicia desde que el hombre vive en sociedad. Desde siempre se han creado elementos diferenciadores y es un fenómeno histórico que data de los tiempos prehispánicos, coloniales y republicanos, es decir, siempre. No es que solamente se diferencie a los negros. Este fenómeno se da en todas las instancias de la vida social, diversos grupos étnicos, geográficos, culturales, económicos son diferenciados, incluso hombre/mujer, grupos de edad, barrial, etc.
Es decir, esta no es una experiencia que solo vivan los negros, es una experiencia común con otros grupos étnicos y que sufren discriminación basada en estereotipos construidos históricamente. ¿No es grande el rechazo que causa una mujer de rasgos andinos y con el pelo rubio?
En el caso de los afroperuanos, este proceso diferenciadores y discriminador se inicia cuando hombres y mujeres son sacados a la fuerza de sus comunidades africanas y subidos a un barco.
Las experiencias individuales –que finalmente son del colectivo- como la que presentaré, nos puede ayudar a entender cómo asumimos personalmente la diferenciación pero no debemos olvidar que esto es un producto social que abarca y corroe a toda la sociedad.
El cómo yo tenga mi cabello es, en primer lugar, un tema de libertad sobre lo que yo hago con mi cuerpo y en segundo lugar, es el reflejo de la evolución de las culturas, de la sociedad, de los grupos. O ¿es que debemos continuar viviendo como “originalmente” vivían nuestros antepasados? Estamos condenados a seguir siendo como nuestros

ancestros africanos, eso es pretender pedirle a un grupo –mujeres afro- que se detengan en el tiempo que no evolucionen.
Yo no soy ni me siento menos afro por que me laceé el cabello, la gente no me verá menos negra porque me lacee el cabello. Seguiré siendo tan profundamente negra como sienta a mis raíces, como muestre mi cultura, que por cierto, es ya una simbiosis –como señala Millones- de muchas otras culturas. El que se mantengan algunos rasgos identitarios no nos asegura que se perderán en el tiempo. Y la teoría del “blanqueamiento” es un grito de no dejen de ser lo que fueron nuestros abuelos por que ya no tenemos cómo hacernos diferentes al resto”. Es decir, si estudias en la Católica, si te laceas, si hablas de tal o cual manera, te estás blanqueando y dejando de ser lo que eres, negra.
A mí me gusta ser negra, a mí me gusta ser diferente, pero a mí también me gusta hacer con mi cabello lo que yo quiera. Me siento regia con mi corte a lo Susana Baca, me siento regia con mis trencitas afro, me siento regia con mi pelo a lo Halle Berry o a lo Don King. Les aseguro que mi autoreconocimiento está intacto y no pasa por el pelo. Acaso ¿se nos discrimina menos por tenerlo laciado?, acaso, las afro creemos que nos van discriminar menos por el cabello? Yo pienso que no, que somos conscientes que igual vamos a recibir rechazo o discriminación por nuestro fenotipo.
A raíz de esta intervención recordé el documental “Good hair” donde no se pretende cuestionar el difundidísimo laceado de cabello en las mujeres afroamericanas –que muestran una fuerza identitaria muy arraigada- sino que se quiere presentar la industria de los productos para el laceado que inicialmente, hacia los años 20-30, estaba en manos de los afroamericanos y hoy es una millonaria industria de los empresarios asiáticos en los Estados Unidos.
En ese país, ha habido un gran debate al respecto y las opiniones son muy variadas; desde las que presentan justificaciones prácticas de la dificultad de las madres para peinar a sus pequeñas hijas hasta el hecho de no querer ser rechazadas por el “desorden” del cabello y que las niñas sean motivo de burla en la escuela. Bueno, les diré que mi madre se demoraba cerca de 1 hora en hacer mis trenzas, con gran dolor de mi cabeza, y ay del día que había plagas de piojo, yo simplemente no iba a la escuela porque no había forma de exterminarlos de ese pelo.
Que el pelo afro es difícil, lo es. Que determine si me dan un empleo o no, yo no me atrevería a generalizar, no solamente porque no es mi experiencia personal, sino, porque esto ocurre también con otros grupos sociales y con otras características “que molestan” al empleador.
No negamos que existe un elemento social de rechazo por el cabello crespo de los afros, pero no es algo que debamos combatir manteniéndolo así. La lucha por la tolerancia, la igualdad y el respeto va por otro lado: organizándonos para difundir que somos un país diverso, diferentes pero iguales, con los mismos derechos.
Nos laceamos para sentirnos valoradas y bellas? Qué mujer no se “arregla” para sentirse valorada y bella, para elevar su autoestima? O es que se pintan el cabello, las uñas, adelgazan, etc. por otra razón? Es muy común escuchar a nuestras amigas decir, “me voy a la pelu porque estoy depre”.
Ciertamente, el proceso de autonegación se inicia en muchos casos por el laceado del cabello como expresión manifiesta de lo que el racismo ha hecho con la estructura de nuestra autoestima individual y colectiva
En el último festival de cine de Lima se exhibió una producción venezolana-peruana titulada “Pelo malo”, fui a verla con mucha expectativa, pero otra vez, no había ningún cuestionamiento a la falta de identidad del niño que quería lacear su cabello para ser artista. Era más bien presentar el tema homofóbico de creer que el hombre que pretende arreglarse más allá de los cánones establecidos, es un homosexual. También mostraba cómo el pelo crespo es considerado, pelo malo lo cual tiene sus orígenes desde hace mucho tiempo atrás, en la época colonial cuando el temor a lo desconocido, a lo diferente provocaba rechazo, y era malo.
El caso del cabello da posibilidad para un análisis más profundo y menos superficial como lo planteado anteriormente. Quizás nos sirva para estudiar cómo la discriminación afecta la vida y el cuerpo de las personas, pero no debemos demonizar a aquellas mujeres que deciden cambiarlo y hacerlas sentir que están renegando de su negritud.
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Agradezco los comentarios de Maribel Arrelucea y Susana Matute.